Cathartic Writings

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miércoles, 7 de enero de 2015

EL SEÑOR NO ES AJENO A NUESTRA REALIDAD

"Y el Señor dijo: Ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel..."
Dios llamó a Moisés, con una prueba indubitable de su presencia. Un fuego hacía crepitar las llamas de una planta seca, que no se consumía, y Moisés que conocía de Dios por lo que su madre le había enseñado, en ese momento conoció personalmente al Dios vivo, al de sus antepasados, que se reveló a El, en poder y amor. El amor que como Padre no le dejaba hacer oídos sordos al sufrimiento y al clamor de sus hijos, que en manos de sus enemigos eran esclavizados y explotados al límite.
Moisés puso excusas, escudándose en sus debilidades, pero Papá tenía un plan y solamente necesitaba de Moisés un corazón dispuesto a obedecerle, para entregar su mensaje a su propio pueblo, y al rey de Egipto, el Faraón...
Sin dudas Moisés tuvo miedo. Él tenía un pasado del cual había huído, pero Dios quiso que se encontrara del mismo lugar del que antaño había salido.
Moisés sintió la pequeñez de su humanidad sobre sus hombros, ante la responsabilidad de ser nada menos que mensajero del Todopoderoso, frente a un rey que se creía todopoderoso.  A pesar de los peros de Moisés, Dios no desistió de su propósito de liberar a su pueblo.
Si no hubiera accedido Moisés, Dios hubiera usado a otro, y muy en su interior Moisés lo sabía. Dios no había dejado de ser el Dios Verdadero, del cual el tanto había escuchado en su niñez, y ahora había conocido en la magnitud de su poder.
El caso es que Moisés entendió su misión. Moisés fue vez tras vez, con persistencia a hablar de parte de Dios, tanto ante el pueblo de Israel como ante el gobernante egipcio, con un mensaje claro y contundente: la liberación del pueblo de Dios.
En ningún momento nos cuenta la historia que Moisés haya querido caerle bien a Faraón, y menos aun que haya querido hacerse su amigo, (porque es eso, historia dentro de la Biblia y no es cuento).
Lo que me llama la atención es que teniendo tantos ejemplos dentro del libro del cual la iglesia cristiana de hoy predica, siendo Moisés solamente uno de los tantos, es que hoy en día haya tanto cristiano tratando de amigarse con el poder que subyuga a todos por parejo, tanto a los que se confiesan cristianos como a los que no lo son. Siendo que Dios mismo dice que los cristianos somos una nación de sacerdotes, que debemos ser mediadores a favor de los hombres... 

Ajenos, sordos al llamado del Señor y al sufrimiento de tanta gente a manos de políticos corruptos, miles de así llamados cristianos de hoy, se dedican a adular al poder, bendicen a personas que viven de lo que roban al pueblo de nuestra nación, convirtiéndose en nada menos que sus cómplices. Piensan que en nombre de la gracia pueden bendecir la injusticia sobre miles de personas, de familias que sufren simplemente porque otros creen que tienen derecho a vivir de los bienes que ellos producen.
Seguramente no les gustará leer esto. Tengan por seguro que a mí no me place escribirlo. Todo lo contrario, me sangra el alma y no salgo de un triste y gran asombro ante tanta hipocresía, tanto fariseo que se para en la iglesia de Cristo a rasgarse sus vestiduras, y apenas salen de sus reuniones están ávidos por "acomodarse" con cualquier político que encuentren, aunque tengan las manos manchadas con el sufrimiento de tantos prójimos, que los votaron para ser sus representantes, y a quienes pagan mal.
Lo dicho al principio, en los tiempos de Moisés El Señor escuchó el clamor de su pueblo. No tengan dudas de que hoy día Dios también está oyendo a todos los oprimidos por gobiernos nefastos en todas las naciones. Él no nos va a pedir cuenta, seguramente, de lo que no hayamos hecho por naciones lejanas, pero sin duda alguna ante su gran trono un día me preguntará y te preguntará, qué hice por mi prójimo, qué hiciste por tu prójimo... No te preguntará a cuántos políticos le palmeaste la espalda y le deseaste bendiciones en año nuevo y navidad...
No hay verdad que llegue al corazón sin amor, pero tampoco hay evangelio que llegue al pecador sin justicia. El que tiene oídos para oir, que oiga.
r.f.

Enero 3, 2015

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