Cathartic Writings

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miércoles, 7 de enero de 2015

De dónde viene mi esperanza?



Hay gente que piensa que todo en el mundo depende solamente del accionar humano. Ignoran la realidad de un mundo espiritual y a la vez subestiman el poder de Dios, Creador del universo. Muchos dicen creer en Él pero viven como si no existiera y como si todo en el mundo fuese independiente, ajeno de la otra dimensión.

Por un lado, es  cierto que como cristianos debemos SER ciudadanos conscientes y responsables, ejerciendo nuestros derechos y deberes sociales, pero también es cierto, que a pesar de todos nuestros esfuerzos por construir una sociedad más justa, hay situaciones que concretamente escapan a nuestro control. Ante ellas solamente Dios en su omnisciencia y poder puede modificar el rumbo de las circunstancias, en respuesta a las oraciones de sus hijos, o por el simple accionar de su soberana voluntad. 

Necesitamos lograr un equilibrio entre lo puramente humano y lo espiritual, que aunque invisible forma parte de nuestra realidad. Invocar el accionar de Dios ante otras personas, no necesariamente es falsa religiosidad, es reconocer nuestra necesidad de su intervención sobrenatural.  Es darle la gloria debida a su nombre. Ser cristiano no es practicar una religión más, es una relación personal con Dios a través de Cristo como salvador y mediador, tan real como cualquier otra relación humana. Si no me avergüenzo de reconocerme amiga a de fulano o mengano, por qué debería evitar reconocerme amiga de quien me regala vida eterna? Por qué no debería darle el crédito que se merece, (glorificarlo) siendo que doy el merecido reconocimiento a las personas que me tienden la mano?

Tan soberbia es la actitud de quienes son corruptos pero se llenan la boca hablando de Dios, como lo es aquella de quienes dicen ser cristianos pero viven ignorando su presencia y su poder, y en arrogancia critican a quienes en humildad sirven a Dios y lo reconocen. Se convierten en jueces que sin pruebas fehacientes juzgan a gente que ni siquiera conocen.

Mientras hay vida, hay esperanza, hay fe. Fe puesta en acción. Esperanza de un presente y un mañana mejor. Nuestra esperanza no nos avergüenza, ni está puesta en personas falibles como nosotros mismos, sino en nuestro eterno Salvador, a quien damos la gloria que sólo Él merece. Creemos en sus promesas y con la fortaleza que hallamos en Él, luchamos por construir un mundo mejor para todos.

r.f.
Enero 7, 2015

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